¿Qué resguarda la noche, qué velo la cubre, cuáles los cuerpos? ¿Las intermitencias, muestran o esconden? Aquí el registro nos permite ser voyeur, espías en la casa del amor y de la muerte, retratos con la guardia baja, de lo que se deconstruye. La sexualidad, el género, los discursos y la moral se ponen a disposición del ritmo. Stadium y Punctum: Se documenta el desborde dionisiaco y también la conformación de lo que aún no somos y, quizás, de lo que no seremos jamás contemporáneos. En la pista hay una política, se articula un modo diferente de entender la ciudad y su intimidad. La contraposición de la imagen y también la del sujeto y su doble; la duplicidad que milita entre lo que salta a la vista y lo que se fragua en ese devenir otro, en ese discurso que vendrá, en la idealización y suspenso que deja el aroma a nicotina, porro y alcohol. Porque ahí, entre lo que se esnifa, consume, e ingiere; entre las ilícitas líneas y las moléculas que se disuelven bajo y sobre la lengua, también hay una forma de conformar una historia y deformar el lenguaje, hasta hacerlo una forma trunca, balbucente y desestabilizante al ojo inquisidor y milico. En el registro, el puñal que desgarra estéticas y dogmas. Ahí, entonces, la acción que hace al contexto, el registro del baile y su noche y no o, más bien, nunca al revés.

Galeria 35mm por Foto.Beat

Texto por Seba Herrera